miércoles, 17 de marzo de 2021
jueves, 4 de marzo de 2021
Algunos pecios ferlosianos
Vendrán más años malos
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Era al afán, al trabajo, al quebranto, a la fatiga; no al sosiego, ni la holgazana, ni al goce, ni la hartura, a quienes teníais que haberles preguntado : "Para qué servís?"
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... los hombres son , con todo, siempre mejores que sus convicciones...
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(Never more) Decir que el tiempo todo lo cura, vale tanto como decir que todo lo traiciona. ¿Sabré sobrevivir sin traicionar? (11-IV-85).
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Leído en la prensa el 27 de agosto de 1983, a raíz de las grandes inundaciones del País Vasco: "Pese a los requerimientos de las autoridades y el vecindario, un matrimonio de ancianos se negó, en Andoaín, a abandonar su viejo caserío, una construcción de piedra, confiados en la solidez del edificio, mientras los servicios médicos atendían a personas en quienes la histeria y el pánico habían hecho presa". Es cierto que otras veces las viejas gentes se pierden por su testarudez y su cerrada desconfianza hacia los adelantos, pero su ventaja sobre las nuevas gentes es que habiendo carecido de tutelas exteriores han llegado a hacerse adultos, mientras las nuevas, habiéndolas tenido, jamás llegan a serlo. Las viejas gentes fundan en sí mismas, sin delegarla en nadie, su propia protección, bien aplomadas sobre su mismo suelo, como los fuertes muros de la casa que confían sus vidas.
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(Variaciones sobre un tema de Concepción Arenal)
Odia la Humanidad y compadece a los hombres.
Odia España y compadece a los españoles.
O, en fin, ¿para qué andar con disimulos?, digámoslo claramente : Odia el deporte y compadece las neuronas.
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Ser indulgente con los malos es algo que el corazón aprende fácilmente desde niño; es saber ser igualmente indulgente con la insoportable, y aun a menudo cruel, arrogancia y petulancia de los virtuosos lo que el corazón suele aprender sólo tarde y con esfuerzo, y en ocasiones nunca.
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... el animal que lame las heridas de otro no está haciendo justicia ni ejercicio una virtud, porque ni salda una deuda ni se acredita un mérito. Lo que la siempre frustrada y siempre reincidente compasión humana añora es el limpio calor de la animalidad.
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Tener ideología no es tener ideas. Éstas no son como las cerezas, sino que vienen sueltas, hasta el punto de que una misma persona puede juntar varias que se hallan en conflicto unas con otras. Las ideologías son, en cambio, como paquetes de ideas preestablecidos , conjuntos de tics fisionómicamente coherentes, como rasgos clasificatorios que se copertenecen en una taxonomía o tipología personal socialmente congelada. Sólo hay unos cuantos tipos de persona, y cada cual desea ser reconocido por aquellos a quienes pertenece. Ésta es la única función de las ideologías; y las ideas, encerradas en paquetes tales, se ven supeditadas a ese único y tristísimo papel.
miércoles, 3 de marzo de 2021
Poesía a rachas
LO JURO POR MIS MUERTOS
en aquel afán tuyo tan ardiente y tirano
de que viviera yo contra viento y marea,
("por favor, tú tranquila,
no te enfades, no cojas miedo a nada"),
de que saliera al mundo a recorrerlo,
a perderme por él,
a recoger la luz de otras miradas,
la miel de otras colmenas,
el hilo de otros cuentos.
Tú no me dejas ser mujer de Lot,
tú, que me has mantenido
en examen perpetuo de reválida,
tú me mandas vivir, voz de sal y limón,
acogerme impasible al instante presente.
Peleas todavía para que no confunda mi camino
con los atolladeros que me hacen regresar
a la cueva mefítica y sombría
de donde no se sale.
Me dices: "hay camino, sal, no le cojas miedo";
me obligas a mirarlo blanquear
y a fijarme en la gente atribulada
que circula por él, en todos los que lloran.
Recojo las señales de tu lejano Morse,
tranquila, duerme en paz.
En eso–te lo juro por mis muertos–,
en eso no te voy a defraudar.
MI RACIÓN DE ALEGRÍA
la precaria, amenazada,
difícil alegría,
el raso, limpia, en cueros,
mi ración de alegría.
No os arrojo a la cara mi alegría,
No es ningún baluarte
Tomad el pobre o rico,
Echa hilo a la cometa de la noche,
Amenazado vives, al raso, crepitando,
Por el Madrid de Dato y La Caramba,
...Ya surge el rostro gris del día siguiente
Tienes frío, estás solo, y hay que esconder el miedo.
Se trata de la fe. Sí: de la fe.
Comprendo que es muy tarde
y no son horas
de andar telefoneando a una farmacia
con tales quintaesencias.
Lo que yo necesito
para entrar confiada en el vientre del sueño
es algún específico protector de la fe.
¿Que le ponga algún ejemplo concreto?
Pues no sé... Necesito
creerme que este saco
cerrado por la boca
y en cuya superficie
se aprecia la joroba
de envoltorios estáticos
puede volver a abrirse alguna vez,
a provocar deseos y sorpresas
bajo la luz del sol y la luna,
bajo el fervor clemente
de los dioses del mar.
¡Oh, volver a sentir lo que era eso!
Y ni siquiera necesito tanto
–ya es menos lo que pido–;
intempestivamente
cuando más descuidada andaba de esperarlo,
y supe con certeza
que sí, que se podía,
que un corazón doméstico
cuando al fina se desboca
es porque está latiendo sin saberlo
desde otro muy cercano.
Ya. Que no tiene nada.
Pues perdone.
Comprendo que es muy tarde
para hacerle perder a usted el tiempo
con tales quintaesencias.
Ya me lo figuraba.
Buenas noches.
sábado, 27 de febrero de 2021
Escuchar un disco en el cine
Ayer en Cineteca proyectaban una película de Rafael Berrio. Fuimos a verla sin saber qué íbamos a ver. Ultimamente eso nos funciona. No éramos muchos, pero tampoco pocos. Entre ellos estaba Jonás Trueba , quien presentó la película o "ese ovni raro" dijo. Ibamos a escuchar un disco de Rafael Berrio de principio a fin, en una sala de cine, sin más distracción que el propio Berrio con cara de Buster Keaton en pantalla escuchando su propio disco a todo volumen.
Pues me encantó la experiencia. Tiempo atrás, en épocas de discman, me ponía los discos antes de dormir en la cama para no hacer otra cosa que escucharlos. Ahora, la única opción de escucha plena de los discos es en el coche, mientras conduzco. Bueno, pues Rafael Berrio, en lo que puede considerarse una ocurrencia inicial, creo que ha abierto otra nueva vía, y ha tenido un buena idea ; escucharlos en cine. Como un acto litúrgico, de esos que tanto escasean y que cada vez valoro más. (¿Se presentarán discos así en un futuro?)
El disco fue una sorpresa. Me gustaron bastantes canciones; "Considerando", "Sísifo Releva a Sísifo" "Las tornas cambian". Sabiendo que murió en marzo de 2020, impresionaba verlo mirándote a los ojos y cantar eso de "el arte es largo, la vida es corta"
lunes, 15 de febrero de 2021
Majestuosa, siniestra y decidida
Y los siempre cambiantes clubes de jazz de la calle 52, con los inmensos rostros, instrumentos y nombres que ocupaban sus carteles. Afuera hiciera frío o calor, mordisqueando un puro , hombres bajitos que anunciaban el nombre de los artistas con un : Tres únicas noches o Última función en Nueva York.
Ahí estaban, a media tarde, en el bordillo de la acera al salir del taxi o bebiendo en el bar White Rose, Ellos, los grandes artistas, con su rostro cansado y enigmático, su tos, sus labios cortados y sus ojos amarillentos; y la ropa, recién planchada y reluciente, más tiesa que la fibra ósea e la pluma de un pájaro.
Y ahí solía estar ella "diosa rara", Billie Holliday.
Gente auténtica: nada que ver con tu padre o tu madre, nada que ver con tus amigos de toda la vida que ahora viven solos en la casa que fue de sus padres, con la plata y los retratos, un par de lámparas nuevas y el techo reparad: con la vida finalmente resuelta, preparándose para morir.
Hacia 1943. De noche, a la fría luz de la luna de invierno, se desarrollaba un espectáculo urbano bastante benigno. Los adolescentes dormían y la amenaza no flotaba más que por el paisaje; una amenaza estética. Nieve fangosa y sucia en las alcantarillas, un chanclo negro perdido, un par de bragas blancas, quien sabe si arrojadas desde un coche. Acompañando la música, como uña y carne, un libertinaje letal. Y, siempre, la luminosa autodestrucción de Billie Holliday.
Cuando la vi por primera vez era gorda, grande, maravillosamente hermosa, gorda. Durante aquel instante nunca volvió, casi llegó a parecer una matrona, alguien auténtico y sensato que ingresa dinero en el banco, firmaba papeles, tenía cortinas a juego, los vestidos colgados y pares de zapatos –dorados y plateados, blancos y negros– siempre listos. Qué aparición más traicionera, aquella, aquella locura, porque nunca hubo mujer menos madre y menos esposa, menos apegada a nada; costaba imaginar, incluso, que pudiera ser una hija. Ya quedaba poco que recordara la lastimosa dulzura de una jovencita. No. Era rutilante, lúgubre y solitaria, aunque , por supuesto, nunca estaba sola; nunca. Majestuosa, siniestra y decidida.
Noches insomnes . Elizabeth Hardwick
jueves, 4 de febrero de 2021
Sueños
¿Y que pasa entonces con ese curioso sentimiento que casi todo el mundo ha experimentado en algún momento, esa repentina fugaz y perturbadora convicción de que algo que está ocurriendo en este momento ha ocurrido antes?
¿Qué pasa en esas ocasiones en las que , habiendo recibido una carta inesperada de un amigo que sólo escribe de tarde en tarde, uno recuerda que ha soñado con él la noche anterior?
¿Qué pasa con esos sueños que, después de haber quedado por completo en el olvido, se recuerdan a lo largo el día y de repente, sin que media ninguna razón aparente?¿Qué asociación los trae a la conciencia?
¿Qué pasa con esos sueños raros de los que uno se despierta por un ruido u otro acontecimiento sensorial, y en los que dicho sonido aparece como final del incidente sueño? ¿Por qué ocurre que este incidente de cierre está siempre precedido de una manera lógica por la primera parte del sueño?
¿Qué pasa, por ultimo, con todos los casos recogidos y clasificados por la Sociedad para la Investigación Psíquica, donde el sueño de la muerte de un amigo ha precedido una notificación, al día siguiente, que confirmaba el hecho?
¿Es posible que estos fenómenos no fueran anormales sino normales? ¿Qué esos sueños– los sueños en general, todos los sueños, los del todo el mundo– estuvieran compuestas de imágenes de la experiencia pasada e imágenes de la experiencia futura mezcladas en proporciones iguales?
Todo esto se lo pregunta el excéntrico filósofo J.W. Dunne en su libro "Un experimento con el tiempo". Una teoría publicada allá por 1927, muy leída entonces y ahora olvidada y con la que más tarde Nabokov hizo su propio experimento.
Ojalá pudiese acordarme más de lo que sueño. ¿Será cuestión de entrenamiento?
domingo, 31 de enero de 2021
Amor a primera vista
He conocido al hombre más fuerte del mundo, un antiguo estudiante de Cambridge, un poeta brillante cuyo trabajo adoraba antes de conocerlo, un Adán alto, corpulento y sano, medio francés, medio irlandés ( con bastantes tierras agrícolas en Yorkshire, también) , con una voz como el trueno de Dios, un cantante cuentacuentos, un león y un trotamundos, un vagabundo que jamás se detendrá
miércoles, 27 de enero de 2021
Hablar rápido
jueves, 21 de enero de 2021
El Purgatorio
Me siento como si estuviésemos en el Purgatorio. No como lugar físico, sino como estado mental. Ni peor ni mejor, ni aquí ni allá. Bueno, claramente peor. Desarraigados de un pasado ya lejano y un futuro que no termina de llegar porque es que ¡no se ve!, ¡no se ve joder!, culpa del vaho de la mascarilla.
Por suerte no toda espera es percibida como un purgatorio. La de Pablo, ese bultito que se ve en la barriga de Amaya, es un motivo de fiesta y alegría. ¡Qué ganas de conocerle! Porque...¡Esta década va a ser la mejor! ¡Quizás , quizás , quizás!
Mejor de golpe
Lo próximo será una plaga de langostas. Y lo peor de todo es que ya ni nos sorprenderá. Después de acostumbrarnos a tantas malas noticias y seguir desesperados por la falta de horizonte, la llegada de Filomena supuso para los madrileños un recreo fugaz lleno de alegría y diversión. Yo que estaba en Bilbao envidiaba esas estampas tan bellas, tan propicias al juego infantil y la alegría. Hasta mi pobre barrio Puente Vallecas, tan poco fotogénico, lucía soberbio y elegante gracias a la nieve.
Pero el recreo terminó. El maquillaje de nieve, tan favorecedor, se corrió al final de la fiesta. Esa nieve hoy ya no es virgen, ni pura, ni blanca. Está pisoteada, bien sucia, es incómoda, incluso peligrosa. Y es que una semana después de la gran nevada, del colapso inicial, los problemas persisten y encima tenemos que aguantar que se presuma de buena gestión por parte del Ayuntamiento cuando sólo una cuarta parte de las calles de la ciudad son transitables, los supermercados tienen problemas de abastecimiento, las basuras llenan las calles con algunas ratas emergiendo en la nieve y los colegios aún siguen cerrados.
Si esta pandemia no era ya desesperante, Filomena llegó para ponernos un poco más al limite. Son tantas las familias haciendo equilibrios para sostener la vida estos días. Tantos los que terminan adaptándose, a su pesar, ante tanta adversidad. Que yo no paro de cantar un estribillo de Sílvia Pérez Cruz como una suerte de conjuro o voluntad de suerte. Dice así: Las penas que me maltratan / Son tantas, que se atropellan / Y como de matarme tratan / Se agolpan unas a otras / Y por eso no me matan.
- Papa, ¿tu crees que habrá una inundación? ¿Por las alcantarillas? –pregunta un niño
a su padre en el autobús.
- Espero que no hijo. Que bastantes problemas tenemos ya. Se nos agolpan.
¡Menos mal que no se ponen en fila!
viernes, 18 de diciembre de 2020
Mi lista de libros 2020
Este año con tanto tiempo libre y tanta reclusión pandémica los libros han sido un refugio para mí. Nunca había leído tanto, creo. Además, ¡este año he descubierto a Carmen Martín Gaite!
Todo lo que he leído suyo es para leerlo una y otra vez, recorrer sus divagaciones a ritmo lento , degustándolas sorbito a sorbito. Porque a mí, enseguida se me olvidan las cosas y con Carmiña no me gustaría olvidarlas tan rápido. Por eso , como cuando éramos niños y veíamos una película en bucle sin cansarnos , releeré a Gaite y no creo que me canse.
Más allá de Gaite, pongo aquí algunos libros más. Todos ellos con el sentimiento compartido de no querer acabarlos nunca.
Aquí dejo mi lista particular por orden de intensidad :
- Nubosidad Variable. Carmen Martín Gaite
- El Jinete polaco. Antonio Muñoz Molina
- Lo raro es vivir. Carmen Martín Gaite
- Retahílas. Carmen Martín Gaite
- Nada. Carmen Laforet
- Feria. Ana Irís Simón
- La casa del padre. Karmele Jaio
- El olvido que seremos. Héctor Abad
- Pisando ceniza. Manuel Arroyo- Stephens
- El maestro Juan Martinez que estaba allí. Manuel Chaves Nogales
miércoles, 9 de diciembre de 2020
Hombres elegantes vs. hombres con gusto
Leyendo a María Vela Zanetti en su libro "Maneras de no hacer nada" me encuentro con este hallazgo. Una tentativa de definir lo que es ser un hombre elegante y un hombre con gusto. Porque, y aquí viene lo interesante, son dos cosas bien distintas, dos maneras de habitar en el mundo.
Milena Busquets también tiene una artículo que toca esta obsesión por la elegancia. Pero Milena se excede en la definición quizás demasiado encorsetada ( que si lee a Proust, que si no lleva chalecos ni tirantes... ). Ambas, Milena y María, quieren llegar a la misma conclusión; ser elegante, más que física, es una cuestión mental . Pero ver cómo juega con esa diferencia entre el gusto y la elegancia que describe Zanetti es irresistible. Algunas frases:
"El buen gusto sería el reducto de lo improbable, de lo muchas veces imposible, de lo que se ha ensayado sin testigos.
El buen gusto es una religión primitiva llena de ceremonias secretas, de iniciados y de conjurados. El hombre de gusto huye si se le echa en cara su buen gusto.
A diferencia del hombre con buen gusto , el elegante elige, lo que imprime a su condición un odioso carácter de tarea. El hombre de gusto está libre de la soberbia de la elección, y mantiene en cambio el orgullo de la inevitabilidad.
El elegante es por definición un progresista; el hombre de gusto es un hastiado conservador.
El elegante lo que cuenta es la forma de matar; para el hombre de gusto lo importante es la manera de morir.
El hombre de gusto siente un fuerte impulso de irrealidad; el elegante confía en resolver sus asuntos.
El hombre de gusto comprende al de medio pelo; el elegante es implacable con la mediocridad de la que juzga estar libre."
La elegancia no es abstracta ni absoluta. No hay elegantes abstractos. Pensamos en la elegancia y siempre se nos vienen a la memoria unas actitudes y unas personas que unimos a una época. Pero además la elegancia no es única en cada tiempo. Al contrario que las modas, la elegancia no pasa jamás.
Entre los poetas españoles de este siglo hay dos que podrían parecer antinómicos en el concepto de la elegancia, y uno , en cambio, los ve igualmente elegantes, se diría que con una elegancia complementaria : uno es Juan Ramón Jiménez, siempre tan discreto y exquisito. A su lado Antonio Machado, que tan bien se retrató aludiendo a su "torpe aliño indumentaria". Y sin embargo se lo imagina uno sentado en su café, tal y como le vio el fotógrafo Alfonso, serio, apoyando ambas manos en esa como cayada, y nos parece un hombre elegante y aristocrático al mismo tiempo, muchos más incluso que su hermano Manuel, ése si con verdadera fama de dandy. Por otro lado la elegancia externa nos incumbe siempre que acompaña a valores que admiramos. Detrás de la elegancia de Juan Ramón Jiménez está su obra , como detrás de la de Antonio Machado están sus poemas puros, quizá porque en un escritor la verdadera elegancia es dejarnos una obra hermosa y no una estela de perfume. Lo normal en cambio es lo contrario, no el elegante desnudo, sino de atrezzo.
jueves, 22 de octubre de 2020
Algo te identifica...
Algo te identifica con el que se aleja de ti, y es la facultad
común de volver: de ahí tu más grande pesadumbre.Algo te separa del que se queda contigo, y es la esclavitudcomún de partir: de ahí tus más nimios regocijos.
Me dirijo, en esta forma, a las individualidades colectivas,tanto como a las colectividades individuales y a los que,entre unas y otras, yacen marchando al son de lasfronteras o, simplemente marcan el paso inmóvil en elborde del mundo.(...)¿Qué hay más desesperante en la tierra, que laimposibilidad en la que se halla el hombre feliz de serinfortunado y el hombre bueno, de ser malvado?¡Alejarse! ¡Quedarse! ¡Volver! ¡Partir! Toda la mecánica socialcabe en estas palabras.
lunes, 12 de octubre de 2020
Las cartas del futuro
Hay muchas maneras de celebrar. Nosotros sin darnos cuenta hemos celebrado el día de la Hispanidad visitando la Biblioteca Nacional para ver la exposición de Miguel Delibes. De él sólo tengo leídos "Cinco horas con Mario" y " El Camino". Recuerdo leer "El Camino" en la terraza de mi casa de Oporto allá por primavera. En esa terraza tan inmensa con su palmera de fondo y su balancín lleno de siestas mecidas al sol. El libro me lo dejó Paco ( yo le presté "Los Europeos" de Rafael Azcona) y sin pretenderlo consiguió que me enamorarme un poquito más de él. Así funciona mi cabeza. "Los Santos Inocentes" la vi en mi buhardilla de Lavapies y nunca lo he pasado tan mal llorando. Me provocó una especie de cascada incontrolable de lágrimas al ver tanta injusticia tan real y cercana. Alfredo Landa me recordaba a mi padre, y creo que eso era demasiado doloroso de soportar. El caso es que no la pude acabar y me da más miedo volver a retomarla que hacerlo con "El exorcista".
En la exposición de Delibes se podían leer algunas cartas de amigos. Eso es algo que siempre me encandila. Como cuando pude leer las cartas de Frida en Coyoacán. Sólo por eso ya vale la pena visitar cualquier exposición para mi. El caso es que leyendo la carta de Carmen Martín Gaite, tan sencilla y tan universal, me preguntaba cómo elaborarían una exposición de cualquier escritor actual de aquí a 100 años. En las cartas se refleja un poco nuestra mirada del mundo, nuestras impresiones, nuestras preocupaciones y esos pensamientos sueltos y dispersos donde pueden cobrar sentido y forma sobre el papel. ¿Serán los correos electrónicos el reflejo sucedáneo de las cartas? No lo creo. Escribimos más que nunca, pero lo pensamos mucho menos. Yo por ejemplo sufro incontinencia verbal vía whatsapp, siempre online, siempre atenta. Pero en whatsapp se mezcla todo, lo prosaico, con el debate de grupos, la lista de la compra, esa foto chorra estilo selfie, un recordatorio de trabajo, notas de voz interminables, links de noticia, canciones, series y con suerte, y según el día, puede que algún pensamiento profundo compartido. Ahí está todo, todo y nada a la vez. Porque está demasiado disperso. Supongo que es un reflejo de nuestro tiempo. Y tampoco digo que haya que elegir, o escribir cartas o escribir vía whatsapp. Paco se sorprendía que Delibes, como decía la exposición, fuese capaz de escribir 10 cartas diarias, pero es que en whatsapp yo dedico muchísimo tiempo, ¡mucho más de lo que equivaldría escribir 10 cartas! No se trata de ser un romántico colgado de la nostalgia y retomar un habito extinguido sin más , sino de combatir el olvido y escribirnos mejor para entendernos a nosotros mismos, ordenarnos las ideas, evitar la inercia de la vida moderna. Ardua tarea, esa...
Mi nombre desenfocado
Mi nombre no tiene un único sabor que me defina. Tengo muchos, quizás demasiados.
Al no tener mi nombre una rotunda sonoridad, como un Lola, Julia o Marta, pues cada persona me nombra como quiere o como puede. En mi DNI soy Iciar , pero en mi bautizo fui algo más; Iciar del Mar Remedios. Y esa, fue la primera de muchas mutaciones.
Para mi abuela Angustias, por ejemplo, siempre he sido Isía, no Iciar, sino I-S-Í-A, con acento del sur. Porque mi abuela , como tantos otros, era hija de la emigración y aunque vivía en Caldes de Montbui, ella era de Gor, un pueblecito de Graná. Yo nunca se lo corregí, ¿para qué? Me gustaba como sonaba así, mi nombre averiado, nuevo, con acento andaluz, de su añorado pueblo blanco, enjalbegado, del que siempre me contaba aquella historia de cuando la viruela asaltó a todo el pueblo y murieron dos de sus hermanos. Entonces, los médicos, recomendaban no beber agua, que era mala para la viruela -decían, pero ella no les hizo ni caso y aprovechando que su madre bajó hacia las pozas a lavar la ropa, se quedó sola en la casa. Ella sabía que tardaría en volver porque a su madre le encantaba demasiado eso de chafardear con las comadres. Entonces, ya tranquila, sin nadie cerca fue cuando se empinó el cántaro del agua. Gracias a eso salvó su vida. Por eso, Isía me sabe al agua fresca de ese cántaro.
En Bilbao en plena edad del pavo mi nombre dio un giro de más de 360 grados y mutó de Iciar a Txuma. No me preguntes cómo ni por qué, porque incluso a mi me cuesta hacer arqueología de anécdotas y llegar al dichoso origen . El caso es que desde entonces casi nadie sabía en realidad cómo me llamaba. Todo el mundo me conocía por Txuma. Incluso inspiré varias canciones absurdas con ese nombre tan bizarro. Cuando escucho Txuma , sé que estoy en Bilbao con amigos de toda la vida. Interpretando un guion un poco ya predefinido, porque Txuma siempre es más un personaje que una persona (aunque ella tienda a salirse de cualquier marco). A Txuma le encanta llevar la contraria, tocar las narices y hacerse querer. Txuma me sabe a pintxos de Somera, cazuelitas del Rio-Oja, txampis y kalitxikis del Motrikes, txakoli guipuzkuano y patxaran.
En Madrid siempre me he presentado como Itzi, claro que aquí en la meseta pocos lo escriben así. Ichi ha ganado por goleada. Es mi variación castiza. Esa “ch” de chata, chica, chooootis. Me encanta ponerle ese tonito chulo a lo Sarita Montiel. Ichi me sabe a cañas de 1€ en el Museo del Jamón con su tapita de rigor, a patatas fritas, a chocolate con churros en invierno, a esa tosta de jamón un domingo de rastro en El Extremeño, a aceitunas con hueso y a más espuma de cerveza rompiendo en brindis de terrazas por tantas buenas y malas noticias que nos ofrece esta ciudad. Cualquier excusa es buena para celebrar.
Itziar me llama casi toda mi familia. Pero hoy resuena más fuerte la voz de mi hermano “¡¡¡Itziaaaaaarrrrrrr!!” a lo Marlon Brando en Un Tranvía Llamado Deseo. Mi hermano me chilla tan fuerte que su aullido me llega desde Australia. Se llama Andoni, nombre por cierto, que elegí yo con 5 añitos , así de repente, como una epifanía de niña pequeña consentida. (Gracias por darme el gusto ama), Me gustaba entonces y me sigue gustando. Pero al pobre le pasa algo parecido a mi. Según donde viva las variaciones se multiplican y pueden nombrarle de cualquier manera menos por su nombre de pila; Anthoni, Tony, Antonio... Itziar me sabe a sus paellas de domingo. Las echo de menos.
Responder a tantos nombres, porque hay muchos más, me lleva a pensar, ilusa de mi, que todos son mis heterónimos , como en Fernando Pessoa . Quizá el mejor y más famoso ejemplo en la literatura. Sus heterónimos eran “otros de él mismo” con personalidades autónomas. De todos mis nombres, ¿con cuál de todos ellos me quedo? ¿Cuál me define mejor? ¿Dónde me siento más yo? Son demasiadas y lo normal sería identificarse con uno solo. Pero yo no puedo.
Soy un poco como Mel, personaje interpretado por Robin Williams en la película “Desmontando a Harry” de Woody Allen. La escena puede resumirse más o menos así:
Robin Williams interpreta a Mel en el set de rodaje. Pero entonces surge un problema para estupor de todos:
- Está desenfocado, ¡Mel está desenfocado!
-¿Cómo puede ser?
Mel está desenfocado cuando al resto de actores se les ve perfectamente. Nadie entiende nada, y menos todavía el pobre Mel. Como solución le mandan a casa, a descansar y a ver si así se aclara. Pero al día siguiente es todavía peor. Él se ve mucho más borroso. Su familia sigue viéndole desenfocado.¡ Incluso su mujer se marea al mirarlo!. Normal. Con tanta indecisión sobre sí mismo ¿como van a poder verle definido? Ya en el médico el doctor concluye que la solución es que su familia, si quiere ver bien a Mel, va a tener que acostumbrarse a usar gafas graduadas.
La escena es maravillosa como metáfora de muchas cosas. Una genialidad de Woody.
Por suerte mi caso es sólo un juego de nombres y personajes con bastantes cosas en
común entre sí. A pequeña escala todos llevamos un Fernando Pessoa dentro
fabricando heterónimos según nos conviene. Estamos llenos de gente. Por
que...¿quién es Iciar, una mascara tras la cual se multiplican personajes imaginarios, o
tan sólo un nombre que los reúne?
sábado, 10 de octubre de 2020
Ropa música chicos
"Escuchar Horses despierta en mí la idea de que la sexualidad de las chicas puede plantearse bajo sus propias condiciones, por parte propio o con fines creativos, no simplemente para explotarla o conseguir un hombre . Nunca había oido a una mujer jadear de esa manera o hacer ruidos como si estuviese follando mientras canta ( excepto en Je t'aime de Jane Birkin, y a mí ese disco no me conmovió lo más mínimo ). Escuchar la música tan sexual de Patti Smith, la forma en que construye un crescendo orgásmico mientras canta al frente de su grupo me vuelve loca. Es algo liberador. Si yo lograse soltarme aunque sea una cuarta parte o incluso una octava parte de lo que se suelta ella sin que me importase una mierda quedar en ridículo, quizá llegaría a hacer algo con mi vida.
viernes, 9 de octubre de 2020
Ropa música chicos
"Recuerdo una vez que John Peel puso "Ride a White Swan" en su programa de radio que se emitía por la noche. A la mañana siguiente yo me iba de viaje durante dos semanas a un campamento de Woodcraft, en Yugoslavia (normalmente nos llevaban a países comunistas), y antes de irme le dije a mi madre: "Esta canción va a ser un éxito". Me parecía genial, me gustaba más que sus cosas anteriores un poco folk y amaneradas, esa canción era más pegadiza, más pop. Cuando regresé de Yogoslavia, quince días después. ya había entrado en la lista de discos más vendidos y diez semanas más tarde alcanzó el puesto número dos. Era enero de 1971 y yo tenía diecisiete años. Muchos de mis amigos chicos estaban horrorizados porque me gustaba T.Rex y la música pop, pero es que a mi me encantan las buenas canciones. Da igual de qué género sean; una buena canción es una buena canción."
Ropa, música , chicos. Viv Albertine
miércoles, 7 de octubre de 2020
Escribir
"Toda escritura, cuando se pone en marcha , genera algún tipo de azar, como si hubiera aspectos que sólo pudiéramos convocar entre una página y la siguiente. De esa forma logran emerger: mientras esperan pacientemente el momento oportuno para surgir durante el proceso creativo. La casualidad no es más que una consecuencia que posee un ritmo propio."
lunes, 5 de octubre de 2020
Vernon Subutex
"Acuérdate, Vernon, entrábamos en el rock como el que entra en una catedral, y esta historia era una nave espacial. Estaba lleno de santos, ya no sabíamos ante cual arrodillarnos para rezar. Sabíamos que una vez desenchufados los jacks, los músicos eran personas como los demás, que hacían caca y se limpiaban los mocos cuando pillaban un resfriado, pero daba lo mismo. Nos importaban un huevo los héroes, lo que queríamos era aquel sonido. Nos traspasaba, nos fulminaba, nos colocaba. Existía, a todos nos provocó lo mismo al principio: joder ¿esto existe? Era demasiado grande para nuestros cuerpos. Jóvenes al galope, no teníamos ni idea de la suerte que teníamos... Me acuerdo del tío que me enseño los tres acordes de "Louie Louie" a la guitarra, y por la noche me di cuenta de que con eso podía tocar casi todos los clásicos. Cuando tenías callos en los dedos por primera vez, era como haberte sacado el certificado de aptitud profesional. El primer tema que supe tocar entero fue ""She's Calling You". Necesité un verano. Lo que hacíamos era una guerra. Contra la tibieza. Nos inventábamos la vida que queríamos tener y no había ningún aguafiestas que nos advirtiera que al final renunciaríamos . Cuando yo tenía 16 años, nadie habría podido hacerme creer que no estaba exactamente donde tenía que estar. En un camión G7, sentado en la rueda, temblando con seis colegas sin estar seguros de haber puesto bastante gasolina para volver pero a ninguno de nosotros le preocupaba la duda. Era "la última aventura del mundo civilizado". Lo demás te acuerdas, no era tabú, no estábamos cabreados con nadie. Los demás no existían. Vivimos nuestra juventud en burbujas de acero blindado. Había alquimias de entusiasmo, cosas cuya otra cara aún no habíamos visto, nos buscábamos apodos, todo era interesante, hasta las mayores gilipolleces. [...]
"La" escena era lo único que contaba. Y teníamos razón. Entre semana pegábamos carteles , los fines de semana tocábamos en algún sitio, había bastante gente para que no nos diera la impresión de estar ensayando, planchábamos nuestros discos, no nos pronunciábamos en ninguna parte, no había intermitencia, no había mundo exterior al nuestro. Todos teníamos asociaciones sin ánimo de lucro , éramos tesoreros, presidentes y todos vivíamos de trabajos de ayuda al empleo. Íbamos a Italia, a Alemania, a Suiza a Hungría, a España a Inglaterra a Suecia, siempre en camiones hechos polvo, y éramos reyes del mundo. Luego llegó el señor que se encargaba del rock en el Ministerio de Cultura , empezamos a oír hablar de subvenciones, a ver que abrían bonitas salas que parecían centros de juventud municipales de lujo, vimos a tíos que sabían montar dosieres, que hablaban el lenguaje de las instituciones, estaban más estructurados, eran más listos. Empezamos a rellenar papeles. El CD sustituyó al vinilo. Desaparecieron los 45 revoluciones. Parecía que no pasaba nada. Sabíamos y no sabíamos. Cada cosa, tomada de una en una, era anecdótica. No lo vimos venir en conjunto. Y aquel sueño sagrado se convirtió en una fábrica de meados. Ya nada era nuestro. Nos convertíamos en clientes. El rock le venía bien a la lengua oficial del capitalismo, la de la publicidad ; eslogan, placer, individualismo, un sonido que te impacta sin tu consentimiento. No entendimos que las piedras mágicas que teníamos en las manos eran diamantes puros. Un tesoro en manos de una pandilla de inadaptados. Ninguno de nosotros tenía planes de hacer carrera. No pensábamos que era posible. Eso nos salvaba. Lo perdimos todo. Pero nunca hablaremos de igual a igual con los que nunca han conocido una vida que se ajusta a sus sueños punto por punto. Hoy en día me cruzo con personas que, a los veinte años, aprendían la competitividad en la escuela o el marketing en la empresa, y que quieren hacerme creer que hemos vivido la misma juventud. Yo no digo nada. Pero olvídalo, tío, olvídalo. Mi aristocracia es mi biografía. Me quitaron todo lo que tenía, pero conocí un mundo que nos creamos a nuestra medida, en el que no me levantaba por la mañana diciéndome voy a seguir obedeciendo.
Los años noventa. Había llegado el momento de que todos cantaran las alabanzas del pragmatismo. Ninguna cuestión ética podía reducir los beneficios. Estaba desfasado. El que no aullaba con la manada era un retrasado mental. Saquearon todo lo que habíamos amado. Destruir es rápido, todo el mundo puede hacerlo. Rápido, rápido, una página más de publicidad, una subvención, dos espónsores nante, que sienta correa cuando quiera correr. Aquel mundo nuevo era fantástico, había que ser gilipollas para no creer en él. Y los activistas políticos que estaban en nuestras filas no reaccionarios mucho más. Siguieron recitando viejas fórmulas, como si salieran de libros sagrados. Reflexionar en tiempo real no le interesaba - cuanto más pasaba el tiempo, más le gustaba la Comuna. Esa masacre se convirtió en nuestro descendimiento de la cruz. Así no llegaremos lejos."
























