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viernes, 22 de septiembre de 2017
Silencio
Estos días de vísperas, previos a una nueva etapa, un nuevo trabajo, una ya no tan nueva ciudad, algunos en horas laborales nos sentimos como adolescentes de 15 años haciendo pellas en el instituto, con un sentimiento raro enredado con la culpabilidad. Tiempo libre por delante para disfrutarlo a placer.
Vivo cerca del Pagasarri, el monte más famoso de Bilbao y la verdad que es un lujo que he empezado a apreciar ahora. Con tanto ruido en la ciudad, en las redes sociales, en mis tripas nerviosas y en los medios de comunicación (Referéndum is coming) escaparte al monte es un viaje en el espacio y tiempo. En el Pagasarri todo el mundo se saluda. Da igual que vayan en bici, con cascos o en manada. Debe ser que cuando tenía 6 años, recién llegada de Barcelona, esto ya me chocó (y eso que venia de un pueblo). ¿Por que se saludan si no se conocían?
El Pagasarri tiene el poder de dar la sensación aún de poder escapar de los caminos inescrutables de la masificación . Por suerte aún no esta de moda y son mayoría los que prefieren ejercitarse en el gimnasio. Maravilla. Es una maravilla. Poder sudar y hacer ejercicio en silencio entre cabras, vacas, ciempiés y babosas. Un cobijo de paz, incluso con una sensación especial de protección. Los que subimos a este oasis pertenecemos a una comunidad sólo por ese -Aupa! que nos decimos en el camino.
"Nada más valioso hoy en día y elegante que dar un instante de silencio"
Y tanto.
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lunes, 27 de julio de 2015
La resignación
No sé si crecer o envejecer es dar pasos más cerca de la resignación. Resignación. Lo odio, de verdad , con todas mis fuerzas. Por eso lo paso mal y me frustro. Me frustro porque resulta que mi trabajo creativo en un diseño no ha salido elegido después de muchas horas de esfuerzo y sacrificio (plenamente voluntario, todo hay que decirlo.Pero quizás por eso mismo me duele más). Todavía estoy pasando el duelo ... Resignación por la invasión capitalista cada vez más cercana al comunismo. ¿Por qué? Por que todo se parece entre sí, sin carácter sin esencia sin individualismo. Las ciudadades van perdiendo su esencia, su personalidad y todas se parecen entre ellas en aras de las malditas franquicias que todo lo invaden y lo conquistan. Es la victoria del mal gusto. Hoy ha ganado el mal gusto en muchos sentidos. Y estamos de luto también porque ha cerrado el café más antiguo de Madrid. El Café Comercial. Me arrepiento (¿y me resigno?) porque tenía que haber ido más veces...
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