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domingo, 5 de junio de 2022

Para vivir un gran amor



Entras en casa y aunque no lo percibas, como ocurre con el perfume al que hace años te has acostumbrado, una sinfonía de olores penetra en tu inconsciente y te hace sentir que has llegado al refugio. Es el rastro que deja en el aire nuestra vida diaria. Entras en casa, tras una larga jornada de trabajo, y pronuncias su nombre por el pasillo. No está, pero su espíritu se hace presente en cada rincón que a menudo ocupa. En la cocina hay una nota suya escrita a mano, tal vez adornada con un
 collage apresurado. Me río porque se trata de un humor compartido, recurrente. Guardo el papel en una caja donde acumulo, por vicio, todas las notas que él me ha ido dejando a lo largo de los años.

Recuerdo aquel tiempo, el primero, el de la incertidumbre. La incertidumbre era excitante, estimulaba la pasión. La pasión se multiplica también por el miedo a la pérdida. Y recuerdo haber entreabierto las páginas de su diario para leer furtivamente una página. Él a su vez hurgaba en mis papeles para descubrir algún poema secreto entre los guiones absurdos de la tele. Éramos espías del pasado del otro. Yo me atrevía a preguntar y sentía inquietud y aprensión cuando en su narración surgían otros nombres. Él prefería no saber, se protegía de los celos retrospectivos, así que a fuerza de no contar episodios de un pasado convulso anterior a nosotros he acabado olvidándolos. Hablo como de un tiempo remoto, porque sé que han pasado 30 años, pero a mí siempre me parece que vivo en un amor reciente: la incertidumbre de entonces se ha desvanecido, pero no así la alegría del regreso diario a nuestro mundo.


Él escribió una vez, ya no recuerdo dónde, que a veces me había visto por sorpresa en la calle y que por breves segundos había pensado que de esa mujer podría enamorarse. Pienso en nuestro primer encuentro como en un hecho milagroso: la chica de la radio cruza una calle de Granada y acude a la cita con el joven novelista ya célebre. Bien podía no haber sucedido. Pero lo que no es fruto del azar es este momento que disfruto ahora, recién llegada a mi casa, sentada en el sofá, esperándolo para cenar, para tomarnos un vino, para retomar “esa larga conversación a través de los años” que es el amor, según Ciryl Conolly. El amor, y así se puede nombrar sin faltar a la verdad, ha salido fortalecido, porque tras la consciencia de la suerte que nos proporcionó ese encuentro fortuito, trabajamos en él desde el principio, desde que la pasión hubo de medirse con el hecho de que los dos teníamos hijos y de que no saldríamos adelante sin su aprobación.


Hay una mística en torno a los trabajos artísticos. Parece que si se posee una vocación sincera es necesario entregarse a ella en cuerpo y alma, que quien a ti se una habrá de entender que la obra, con mayúsculas, será siempre lo primero, sacrificando por ella el tiempo común. No habrá obligaciones domésticas que recaigan sobre el artista, ni demasiada responsabilidad hacia los hijos. Estará eximido también de toda culpa; será favorecido con el derecho a preocuparse solo por aquello que tiene entre manos: es un yo por encima de los otros. Y se le concederá un prójimo que aliente ese egoísmo porque a esa vocación se le atribuye un carácter religioso. El artista será perdonado por las víctimas colaterales.

No hubiera sido extraño, pues, que al conocer yo a aquel hombre que ya había obtenido un reconocimiento literario me hubiera convertido en esa suerte de amante, secretaria, asistente, que vive a la sombra del creador. Es una figura que aún se contempla con simpatía, que se desvanece cuando el artista muere, y que al morir ella se le dedica una tierna necrológica valorando su papel tenaz y discreto de secundaria que alentó una gran literatura. No era yo ese modelo de mujer, tampoco él reclamaba ese tipo de asistencia, y además tuvimos que trabajar duro para que esa gran pasión que nos concedió el azar no se viera sepultada por las obligaciones domésticas y los hijos compartidos. Hubo una especie de trato tácito por el cual los sinsabores de nuestra exposición pública no cruzaran el umbral de nuestra puerta.


Respiro ahora el aroma de mi refugio y encuentro que mi fortuna es esa alegría o consuelo que siento siempre al entrar en casa. Sé que muchas personas atribuyen el amor solo a la suerte, pero nuestro secreto está en saber que el camino estuvo empedrado de generosidad, concesiones y renuncias, que nuestra vocación de amar siempre fue tan fuerte como la de escribir un buen libro. No es fácil que se encuentren dos personas que priorizan lo privado a lo público. Durante el confinamiento, prolongamos las sobremesas, caminamos sobre los recuerdos, teníamos tiempo para recrearnos en ellos, a veces esas conversaciones se reflejaban en páginas que prometían convertirse en un libro. El refugio era ya una cueva donde un Adán y una Eva, maduros y perplejos, se protegían el uno al otro de la hostilidad de un mundo en frágil equilibrio.

Quero a vida sempre assim com você perto de mim/ Até o apagar da velha chama” (Quiero la vida siempre así, contigo cerca de mí/ hasta que se apague la vieja llama), canta Tom Jobim en Corcovado. Para que esa vieja llama siga alumbrando hay que preservarla de las corrientes de aire. No sé si vivir un gran amor es más difícil en este presente. Estoy convencida de que se trata de un deseo universal. Mantenerlo es casi una labor de primorosa jardinería, hay que mimar el ambiente para que sea armonioso, equilibrado. Esta casa es el hábitat de un amor, y así la cuidamos. Decía el hijo de James Joyce, Giorgio, que hubiera preferido que su padre fuera carnicero. Ojalá que los nuestros jamás piensen así, que hayan aprendido algo de la atención que nosotros le hemos dedicado a preservar el tesoro de la intimidad, del amor.

Elvira Lindo

viernes, 2 de diciembre de 2016

Pensar es ante todo crear un mundo

Dibujos de mi tío para identificarse
Ya es diciembre. Paco sigue con su palpito de que se acerca y asoma nuestro porvenir, es decir, la lotería. Hoy en día parece el único pelotazo posible, no como pasaba hace 10 años más o menos, donde tantas personas se convertían en lo lo que se decía "pijos resucitados" "nuevos pijos", por entonces los conocimientos cuanto más gaseosos, mejor, la estrategía era hacer tu lenguaje incomprensible , infundías respeto y conseguías multiplicar tu imperio , ¿cómo? , eso mejor guardarlo en secreto. Ahora en cambio,como cuenta MM en su ensayo "Todo lo que era sólido",  "sabemos que las cosas pueden ir a mejor, pero también a peor, así que la complacencia es un lujo que nadie puede permitirse"

Desayuno con la radio y la noticia es que sube el paro. También hablan de que los veganos se quejan de que los billetes de libras contienen carne. No paran de quejarse, pero ¿pensaban comérselos?. Hoy la tendencia es la queja, algo que se explica más o menos en este artículo, y se recogió tan brillantemente en un spot de IKEA. Victimizate y triunfarás.

Cuando la realidad es tan negra lo mejor es irse a esa otra vida que cada uno nos construimos, el estado mental y la memoria sentimental. La mía está repleta de ídolos, algunos vivos, otros muertos, que más que personas representan símbolos de algo mejor, cómo vivir mejor, más ligera, más conscientemente, menos vulgar, donde todo es más sofisticado sin dejar de ser algo gamberro. Una realidad, mucho más apetecible en la que vivir, que ésta que tenemos ahora. Tengo mucho vicio con esta otra vida ficticia . Vicio de inventar otra realidad y de llevar la contraria a partes iguales . Me voy a tener que ir quitando porque me voy a quedar sola, sin grupo que me respalde ( no termino de entender y aplicar el sentido práctico en el día a día) y sin nada sólido en lo que vivir que no sea ficción. Pero es que todas estas invenciones propias y ajenas en forma de películas, novelas, obras de teatro, óperas, discos... a muchos nos salvan la vida. porque le da un sentido que sin ellas sería imposible VER. Son espejos. Benditos espejos.

Albert Camus y amigas


Otra vez Camus disfrutando del verano como un enano


He buceado en la vida y algunos libros de Albert Camus. A pesar de no ser precisamente guapo parece un hombre muy atractivo, cariñoso y sensible. Me gustaría haberle podido conocer. Su teoría de la filosofía del absurdo he descubierto que no tiene nada que ver con lo que pensaba. Si andas pidiendo sentido y respuestas a el mundo de las cosas que vas haciendo sólo vas a recibir tu eco. Así que mejor crear tu propio lenguaje con una orientación en tu manera de pensar, llena de tus propios símbolos, valores y prioridades vitales y afectivas. Cada uno da un sentido propio a su vida, porque  no hay nada universal. "Pensar es ante todo crear un mundo" , "Para el hombre absurdo no se trata de explicar y resolver, sino de sentir y describir", "El pensamiento del hombre es ante todo, su nostalgia". Con esta manera de pensar... ¿Cómo no iba a caer rendida? Y sigue: "Pensar ya no es unificar, familiarizarnos con la apariencia bajo el rostro de un gran principio. Pensar es aprender de nuevo a ver, estar atento, es orientar la conciencia, es hacer cada idea y cada imagen de la manera de Proust un lugar privilegiado"

Ese mundo inventado a mi gusto es mi refugio estos días. Me siento igual que Sísifo volviendo a empezar tantísimas veces de cero. Decía Camus que todos somos Sísifo, pero hay que imaginarse a Sísifo feliz. No sé... creo que seríamos más felices si encontrasemos un colega como Jesucristo por el camino igual de puteados y condenados al absurdo, pero que paradojicamente dos condenados consiguen unidos una vía de escape. ¿Quien diría que dos problemas puedan dar juntos la solución? ¿Absurdo? Todo escapa a la lógica , afortunadamente.



  "Todavía no te entiendo bien , pero ¡que mas da! Siempre es como la primera vez, vuelves a empezar. Haces que me sienta bien y después te vas"   
Una canción del último disco de Coque Malla ("Pétalos, sonrisas y desastres") también lo dice.
Y me repito lo sé, pero creo que lo único universal es ¡la música!

¡¡Coque no envejece!!

He leído hace poco( http://smoda.elpais.com/placeres/cleopatra-invento-primer-vibrador-la-historia/) que ni siquiera los besos lo son, porque la gente empezó a besarse con frecuencia gracias a las películas. Ahí lo tenemos... el cine, la ficción, dan sentido a nuestras vidas.